13 sept. 2010

Se abre debate sobre control de capitales

El codirector del Banco de la República, Carlos Gustavo Cano, expresó su preocupación por el reciente aumento de las inversiones en moneda extranjera de corto plazo que han llegado al país y están presionando la revaluación del peso. 

El miembro de la Junta directiva del Emisor aseguró que entre las medidas que está analizando la entidad para frenar la revaluación está la de implementar un control de capitales. 

El motivo para pensar en esta acción obedece a que a agosto 27 de 2010 la cartera en moneda extranjera creció en un año 1.760 millones de dólares (81,5% anual). 

Según cifras del Emisor, el 82 % de dichos recursos ingresaron en las últimas 13 semanas, lo cual muestra que las inversiones de capital a corto plazo, también conocidas como capitales `golondrina`, están en aumento en el país.

“La cartera en moneda extranjera a finales de agosto de este año había crecido con relación a la cartera de agosto del año pasado en un 81 por ciento, eso es un incremento muy significativo, pero además, de la composición de ese aumento el 82% de la cartera está pactada a menos de 90 días. Entonces ese tema sí puede estar contribuyendo a la volatilidad de la tasa de cambio”, afirmó Cano.

El miembro de la junta directiva del Emisor, también le afirmó a La República que esas son operaciones denominadas `carry trade`, es decir endeudamiento barato en dólares para hacer operaciones de corto plazo con CDT`s bonos, acciones, TES, lo cual genera volatilidades que presionan la revaluación.

Así las cosas, quedó abierto el debate para que el Banco de la República implemente o no el control de capitales. En mayo de 2007, implementó dicha medida como parte del conjunto de medidas de política monetaria para frenar la caída del dólar. 

Los empresarios se mostraron de acuerdo con la alternativa, en la medida que no se afecte la inversión extranjera directa y le pidieron al Banco Central realizarla pronto.

“Las tasas de interés en Colombia son más altas que en otros mercados, por eso es atractivo traer capitales a rentar aquí. Si la FED y los mercados europeos anuncian que mantendrán las tasas bajas en sus territorios, esas inversiones se están viniendo hacia Latinoamérica, afectando nuestras monedas”, afirmó el presidente de Analdex, Javier Díaz.

El presidente del Banco Colpatria, Santiago Perdomo, cuestionó la efectividad de la medida, la cual calificó de artificial.

“Este tipo de medidas son transitorias y no resuelven el problema de fondo de la revaluación, este no es solo un inconveniente del dólar frente al peso, hay otros factores que se deben tener en cuenta y otras acciones más eficaces”, manifestó Perdomo.

El senador y ex codirector del Banco de la República, Juan Mario Laserna, aseguró que el Emisor tiene otras herramientas más efectivas para contener la apreciación del peso, que en lo corrido del año supera el 11 %.

“Yo no creo que un nuevo control de capitales tenga mucho efecto sobre la tasa de cambio”, agregó Laserna.

Cabe recordar que el comportamiento reciente de los flujos de capital fue uno de los temas principales de discusión de la última reunión de la junta del Emisor, según las minutas de la reunión de agosto, pero no en las de julio.   

Instrumentos contra la revaluación


El codirector del Banco de la República, Carlos Gustavo Cano, aseguró que el país tiene una inflación baja y estable, por lo que no ve riesgos ni el corto ni el mediano plazo que lo haga pensar que intervenciones en el mercado cambiario pueden afectar la inflación, por lo que las condiciones son buenas para hacer operativos con los instrumentos de política monetaria. Para esterilizar la tasa de cambio el Banco central cuenta con opciones como hacer operaciones de mercado abierto con los TES, los encajes bancarios, la facultad que tiene el banco de emitir sus propios títulos, entre otras acciones.

La Opinión.com

Quitarle ceros al peso saldría costoso, según estudio realizado por el Banco de la República


Casi el 87 por ciento de este valor deberá destinarse a la tarea de acuñar nuevas monedas, que estarán denominadas en centavos.
A cerca de 222.000 millones de pesos ascendería el costo de poner en circulación una nueva moneda en Colombia, según los cálculos hechos por el Banco de la República.
De acuerdo con un estudio realizado por el Emisor, y presentado al senador Antonio Guerra de la Espriella, autor del proyecto de ley que busca eliminar los tres ceros a los billetes actuales, el costo más alto será la acuñación de monedas, varias de las cuales estarían denominadas en centavos.
Guerra dijo que en su estudio, el Banrepública no ve objeción para que en Colombia circule una nueva moneda, sin la presencia de los tres ceros en los billetes como sucede en la actualidad. La creación del nuevo peso comenzará a debatirse en los próximos días en el Congreso de la República. La ponencia para primer debate será radicada este lunes en el Senado.
Los cálculos del banco central indican que producir nuevas monedas costaría alrededor de 187.000 millones de pesos, es decir, alrededor del 84 por ciento del monto total estimado. El senador Antonio Guerra de la Espriella dijo que el estudio presentado por el Banco de la República indica que en el país circulan 4.800 millones de monedas de todas las denominaciones y, de ahí, que el costo de sacar nuevas al mercado sea el más alto de todo el proceso.
Incluso será necesario buscar nuevos materiales y aleaciones para la producción de las monedas, pues los utilizados en la actualidad se han encarecido sustancialmente en los últimos años. La fabricación de planchas para la impresión de nuevos billetes costaría unos 2.000 millones de pesos.
Según el estudio del Emisor, el costo de producir los nuevos billetes y monedas se recuperaría en un plazo de nueve años. El proyecto de ley plantea que durante dos años circularán al mismo tiempo los billetes actuales y los nuevos para que el cambio se haga de manera gradual.
En el caso de las monedas, el proceso será similar, pero se extendería a un plazo de cuatro años. Justamente, Juan Mario Laserna, senador y uno de los ponentes del proyecto, señala que a la larga los costos para el Gobierno no van a ser tan altos "porque se puede tener ambos tipos de billetes en circulación y en la medida en que el Banco de la República recoja los billetes viejos y dañados, los puede reemplazar con los nuevos".
Como se sabe, una de las tareas del Emisor es reponer las piezas que salen de circulación bien sea por desgaste o por maltrato. Datos del banco central indican que del total de billetes dañados, cerca del 10 por ciento son deterioro prematuro, lo cual le cuesta al banco un promedio anual de casi 6.000 millones de pesos.
Capacitación, la clave
Además, se deberán invertir alrededor de 32.000 millones de pesos en campañas masivas de educación y publicidad para explicar a los colombianos las características del nuevo peso. Esto, si se tiene en cuenta que en caso de aprobarse la ley, por ejemplo, un billete de 10.000 pesos van a convertirse en 10 nuevos pesos y más de uno podría tener la sensación de que perdió valor así el poder adquisitivo sea el mismo.
Otro tema que también implica costos es el cambio en los precios que debe hacerse en todo tipo de establecimientos del comercio. Laserna señala que con el nuevo peso, la idea es simplificar la contabilidad, generar ahorros en sistemas operativos, así como crear una moneda más estable y que sea más fácil de comparar con las de otros países.
A juicio de Laserna, es momento de hacer esta transformación en la medida en que ya el país tiene niveles bajos de inflación (2,31 por ciento anual hasta agosto) y que hay estabilidad económica, condiciones que no se presentaban hace algunos años, cuando hubo otra propuesta similar (ver recuadro). Álvaro Montenegro, profesor de la Universidad Javeriana, señala que en estas circunstancias no tiene mayor efecto que un billete sea de veinte mil ó de 20 pesos, "porque los precios se ajustan y la gente se acostumbra".
No obstante, considera que el costo de hacer el cambio y de ajustar los sistemas de contabilidad no justifican la iniciativa, pues "hay cosas más importantes por hacer en Colombia que quitarle tres ceros a los billetes".
Otros países tomaron la medida en medio de crisis de inflación
Las motivaciones que tiene Colombia para quitarle los tres ceros a la moneda son muy distintas de las que tuvieron otros países de América Latina cuando adelantaron procesos similares.
El senador Juan Mario Laserna señala que a diferencia de lo que ocurre en Colombia, cuando Argentina y Brasil le quitaron ceros a sus monedas, había poca credibilidad y las medidas se tomaron con el objetivo de resolver crisis y en especial fuertes inflaciones, cosa que no ocurre en la economía colombiana.
El caso más reciente fue el de Venezuela, que desde comienzos del 2008 empezó a utilizar el bolívar fuerte, tras quitarle tres ceros a la moneda. Según el Gobierno del vecino país, la idea era facilitarle las cuentas a los venezolanos, pero para nadie es un secreto que esa economía lleva varios años con la inflación más alta de América Latina.
En México, el incremento en los precios causado por el desequilibrio económico que se produjo en ese país, a finales de los 80 y comienzos de los 90, hizo que las autoridades le quitaran tres ceros al peso mexicano, proceso que empezó el primero de enero de 1993 y duró cerca de tres años, tiempo durante el cual se utilizaron las dos monedas de manera simultánea. Sin embar, los países que más experiencias han tenido en este frente son Argentina y Brasil.
En cuanto al primero, el mecanismo se ha utilizado en una docena de ocasiones durante el último medio siglo. Aparte de la hiperinflación que ha sufrido dicho país en varias ocasiones, la otra razón para adoptar la medida es la pérdida de confianza en la moneda.
En Brasil, se eliminaron los ceros de la moneda en varias oportunidades, hasta que en 1994 los cruceiros le dieron paso al real, que se utiliza actualmente. Este cambio vino acompañado con una serie de ajustes para estabilizar la economía y controlar la inflación, que superaba el 1.000 por ciento.
Entre tanto, Paraguay viene adelantando el mismo proceso que Colombia, pues quiere quitarle tres ceros al guaraní. La medida, de ser aprobada, entraría en vigencia el próximo año.
La propuesta no es nueva
La iniciativa de quitarle tres ceros a la moneda colombiana no es un tema que se evalúa por primera vez. Entre el 2000 y el 2003 se dieron una serie de discusiones en el Congreso de la República. La iniciativa alcanzó a superar dos debates en el Senado de la República sin mayores contratiempos, pero se hundió cuando llegó a la Cámara de Representantes.
Las razones del fracaso fueron varias: algunos consideraron que no era el momento apropiado para su discusión, otros no le vieron relevancia y hubo quienes insistieron en que a este proyecto le hacía falta mayor discusión.
Portafolio.com

¿Se está repitiendo la historia de los 70?

En Colombia hay un cambio estructural que justifica el alza sostenida en el precio de las acciones más allá de las valoraciones de los expertos. Pero para que se sostenga, se requieren varias condiciones. La opinión de Felipe Gómez y Guillermo Valencia.
En tiempos cuando los precios del mercado de acciones colombiano son difíciles de justificar con las valoraciones que hacen los analistas de las firmas de bolsa, es inevitable -y además saludable- preguntarnos si esta subida de las cotizaciones es una manía o obedece a un cambio estructural en la economía.
Hoy por hoy, cuando la mayoría de los precios de las acciones se ubican por encima del valor estimado por los analistas, muchos empiezan a hablar de la existencia de una burbuja. Para ellos esta alza es injustificada, y se constituye como un episodio más de exuberancia irracional. Por tanto, solo se necesita tiempo para que el mercado vuelva a reflejar el valor justo que predican quienes hacen proyecciones en las firmas de bolsa.
Por el contrario, existe otro grupo de personas que podría pensar –soportado en la tesis de los mercados eficientes- que los precios reflejan toda la información disponible. Por tanto, este movimiento positivo de precios en la bolsa está sustentado en la aparición de nuevas noticas positivas en el país, como por ejemplo su giro hacia una economía basada en la minería y la energía o su otorgamiento de la calificación de grado de inversión.
En realidad, Colombia ha vivido varios episodios disruptivos –cambios estructurales- en los últimos años. La apertura económica y financiera, sumada a la creación de los fondos de pensiones privados son dos ejemplos claros que justificaron los excelentes retornos de la bolsa en los 90s. En la última década la mejora en el clima de seguridad del país, junto con la mayor confianza inversionista, también permitieron que en los últimos 10 años la bolsa de Colombia se destacara notablemente.

La realidad es que en algunas ocasiones los agentes del mercado exageran las expectativas que tienen sobre el efecto de estos cambios estructurales, dando origen a las famosas burbujas. Un caso clásico de este comportamiento se dio en Japón. En dicho país, los precios de su bolsa se multiplicaron por 5 en la década de los 80, gracias a las expectativas que se generaron por su impresionante avance industrial. Al final estas expectativas no se materializaron y hoy el Nikkei está en los mismos niveles que tenía a comienzos de la década de los 80.

Colombia sí está ante un cambio estructural, pero necesita que se mantengan bajas las tasas de interés reales en los países desarrollados.

Hoy en día el buen desempeño de la bolsa colombiana está más que justificado por las siguientes tres razones:
1) Estamos en un mundo con tasas de interés reales bajas, poca confianza y altos niveles de deuda en los países desarrollados. Esto genera preferencias por mercados emergentes,
2) Han aparecido nuevos actores como dinamos de la economía mundial: los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y detrás de ellos y con más brillo los CIVETS (Colombia , Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica),
3) Colombia está protagonizando la historia de un país con una consolidación estructural en lo político, monetario e institucional, que -junto con la bonanza minero-energética- apunta a un desarrollo económico espléndido.
Muchos analistas se han centrado con más detenimiento en el 2º y el 3º de estos puntos. Sin embargo, en esta ocasión queremos enfocarnos en mostrar cómo el primer punto es clave para que los puntos 2 y 3 sean realidad. En otras palabras, queremos mostrar cómo para que Colombia de verdad pueda seguirse transformando y los precios de sus acciones puedan seguir subiendo, es necesario que a nivel mundial las tasas de interés se mantengan bajas, y que los inversionistas sigan invirtiendo en economías emergentes como jalonadoras del crecimiento global.
Este argumento se basa en situaciones similares que vivió el mundo en el siglo XX. Consideramos que si bien la historia no se repite si rima, y –en este caso- la estructura de la rima son las bajas tasas de interés reales en las economías desarrolladas.
En la década de los 70 las tasas de interés reales en Estados Unidos también fueron negativas. En dicha época la visión dominante del mercado era que el dólar americano debía devaluarse entre un 10% y un 12% para compensar el diferencial de inflación entre Estados Unidos, Alemania y Japón. En 1970 el dólar cayó 50% contra el Marco Alemán y el Yen Japonés, y en 1971 Estados Unidos abandono la paridad con el oro que había sido establecida desde 1934. Esta situación se vio acompañada de un espectacular incremento en los precios de las materias primas: el precio del oro pasó de US$40 la onza a principios de los 70 a US$1.000 a finales de la década y el precio del petróleo pasó de US$2,50 a US$40 el barril en el mismo periodo.

Estos dos fenómenos -bajas tasas de interés y alzas en los precios de las materias primas- hicieron que 1970 fuera una década de aceleración en la inflación mundial. La volatilidad en esta época en el mercado de bonos y acciones fue mucho mayor que en décadas anteriores, y las rentabilidades que se observaban en los bonos de largo plazo en dólares eran mínimas (tal como está sucediendo en este momento). También existieron historias formidables de éxito y fue una época prospera para muchos países en desarrollo, entre ellos México, Brasil y Argentina. En Colombia, el alza de los precios del café (que se dio a la par con la subida del oro y del petróleo) permitió que se dieran altas tasas de crecimiento y altos niveles de capacidad instalada.
En conclusión, para que los precios de las acciones en Colombia sigan subiendo sustentados por expectativas de altas tasas de crecimiento futuras, es necesario que se mantengan bajas las tasas de interés mundiales. De esta forma las expectativas de inflación en las economías desarrolladas se mantendrán altas, los precios de las materias primas seguirán subiendo y se materializará la famosa bonanza petrolera y minera de la que ya mucho se ha hablado. Con esta bonanza se sanearía finalmente el problema fiscal y se generarían inversiones que se traducirían en un mayor consumo y bienestar para la población. En otras palabras, este escenario sustentaría por qué Colombia es un CIVET.
Por otra parte, un alza de las tasas de interés reales en los países desarrollados le quitará margen de maniobra al Banco de la República, quien tendría que subir sus tasas de interés para prevenir que se vaya la inversión del país. Algo similar a lo que sucedió a finales de los 90. Sin embargo, este escenario luce lejano, en un ambiente donde a Estados Unidos le conviene que haya inflación para licuar su deuda, su moneda se devalúe para que sus exportaciones crezcan, y se mantengan bajas sus tasas de interés para que haya inversión y crecimiento.
Solo queda una duda: en la primera mitad de los 70 el fuerte aumento en los precios del café y las materias primas estuvo acompañado de una política cambiaria de mini-devaluaciones que permitió contener la revaluación de la moneda. ¿Será necesario repetir algunas de estas políticas para que los próximos años se consolide el cambio estructural del país? 
Dinero.com